A pesar de que en cierto modo parece existir alguna relación entre el coeficiente intelectual y las circunstancias por las que discurre la vida de una persona, actualmente se reconoce que las calificaciones académicas, el coeficiente intelectual o los tests de aptitud académica son incapaces de predecir el éxito en la vida. Aunque suele ocurrir que las personas con un coeficiente intelectual bajo tiendan a desempeñar trabajos mal pagados y las de coeficiente intelectual alto tiendan estar mejor remunerados, esto no siempre ocurre así. Parece ser que el coeficiente intelectual aporta solamente un 20% de los factores que determinan el éxito de una persona.
De hecho, un estudio de seguimiento con estudiantes egresados de Harvard dejó claro que quienes habían obtenido las calificaciones universitarias más altas no habían alcanzado un éxito laboral comparativamente superior ni un nivel de felicidad o satisfacción mayor que sus compañeros que habían alcanzado calificaciones inferiores.
La vida emocional de una persona está constituida por un conjunto de habilidades que pueden dominarse con mayor o menor pericia.
Existen evidencias claras una de que las personas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y asimismo saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los ámbitos de la vida, desde las relaciones íntimas y familiares hasta las laborales.
Además, estas habilidades emocionales pueden ser desarrolladas en los niños si se trabaja con ellos adecuadamente. Por lo tanto debería invertirse más tiempo en ayudar a los pequeños a identificar y cultivar sus habilidades naturales.
Qué es inteligencia emocional
A partir de estos análisis ha crecido el interés en lo que se ha denominado inteligencia emocional, que describe características de las personas de acuerdo con cinco competencias principales:
- El conocimiento de las propias emociones
- La capacidad de controlar las emociones
- La capacidad de motivarse uno mismo. 4 .El reconocimiento de las emociones ajenas.
- El control de las relaciones.
No todas las personas manifiestan el mismo grado de pericia en cada uno de estos dominios. Hay quienes son sumamente diestros en gobernar su propia ansiedad, por ejemplo, pero pueden tener dificultades cuando se trata de apaciguar los trastornos emocionales ajenos.
Afortunadamente, el cerebro es asombrosamente plástico y se halla sometido a un continuo proceso de aprendizaje. Las deficiencias en la habilidad emocional pueden remediarse y con esfuerzo, cada uno de estos dominios puede llegar a mejorarse.
A diferencia de lo que ocurre con los test habituales para medir el Coeficiente Intelectual, no existe un solo test de papel y lápiz capaz de determinar el grado de inteligencia emocional de una persona.
Todas las personas son el resultado de la combinación, en distintas proporciones, entre el Coeficiente Intelectual (CI) y la inteligencia emocional (IE). Pero las siguientes descripciones nos ofrecen una visión instructiva del tipo de aptitudes específicas que ambas dimensiones pueden aportar al conjunto de cualidades que constituyen a una persona.
Los hombres con un elevado CI se caractericen por una amplia gama de intereses y habilidades intelectuales y suelan ser ambiciosos, productivos, predecibles, tenaces y poco dados a reparar en sus propias necesidades. Tienden a ser críticos, condescendientes, aprensivos, inhibidos, a sentirse incómodos con la sexualidad y las experiencias sensoriales en general y son poco expresivos, distantes y emocionalmente fríos y tranquilos.
Los hombres que poseen una elevada IE suelen ser socialmente equilibrados, extrovertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a rumiar sus preocupaciones. Demuestran estar dotados de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida y son afables y cariñosos en sus relaciones.
Las mujeres con elevado CI son capaces de expresar claramente sus pensamientos, valoran las cuestiones teóricas y presentan un amplio abanico de intereses estéticos e intelectuales. También tienden a ser introspectivas, predispuestas a la ansiedad, a la preocupación y la culpabilidad, y se muestran poco dispuestas a expresar públicamente su enfado.
Las mujeres emocionalmente inteligentes tienden a ser enérgicas y a expresar abiertamente sus sentimientos, tienen una visión positiva de sí mismas y para ellas la vida siempre tiene un sentido. Al igual que ocurre con los hombres, suelen ser abiertas y sociables, expresan sus sentimientos adecuadamente y soportan bien la tensión.
Toda persona posee inteligencia cognitiva e inteligencia emocional, aunque lo cierto es que la inteligencia emocional aporta, con mucha diferencia, la clase de cualidades que más nos ayudan a convertirnos en auténticos seres humanos.
